UNA PELÍCULA ARGENTINA PARA VER
Hace 8 meses
Este es un sitio para posarse, descansar y luego seguir su camino. Tómese un trago de letras, tengo muchos sabores -y sinsabores- y mientras lo hace tiene derecho a observar todo a su alrededor. Acá encontrará historias de la vida misma, crónicas callejeras a veces reales, otras no tanto; relatos eróticos para los eróticos, música a la medida de su bebida e historias llenas de humanidad. Pase. Bienvenido a mi Cantina

“¿Entonces tu eres periodista?”, preguntó. “Sí”, le dije. ¿Y profesor de la universidad?, siguió. “Sí”, le confirmé evitando que me descubriera mintiendo, como lo hicieron cuando me preguntaron si tenía un arma en el vehículo y yo me negué. Segundos más tarde hallaron la pistola Taser (Stun Gun) que ocultaba en la consola central de mi Tucson. ¿Por que no me electrocutaron con mi propia arma? Tal vez porque no les había dado las claves de mis tarjetas, o porque el joven asaltante no supo quitarle el seguro y, por supuesto, yo no le iba a enseñar cómo… CONTINUARÁ.
Como es mi costumbre, ya cercano a la casa llamé desde el teléfono móvil a mi enamorada. Es un método de doble finalidad: la primera reportar mi llegada “en buen estado” al anexo y tener la última conversación del día. Luego de dar una vuelta “de reconocimiento”, para percatarme de que no habían riesgos de seguridad, mientras charlaba por teléfono estacioné mi Hyundai Tucson en la calle, al frente de la quinta, donde siempre. Cerré el switch, puse el “trancapalancas”, descendí y no di más de cinco pasos hasta la reja. Metí la llave en la cerradura sin interrumpir la conversación, giré la llave, abrí y entré. Sólo faltaba un centímetro para que la puerta cerrara cuando, de manera atropellada, un hombre que segundos antes salió de un carro que permanecía estacionado a pocos metros, impidió a empujones que se trancara la reja. Entró como descontrolado, violento, en su mirada se vía una mezcla de miedo y convicción, se le notaba que en esa dualidad de sentimientos era capaz de cualquier cosa, y de eso no me quedaron dudas cuando, para que dejara de hablar por el celular, introdujo el cañón de la pistola en mi boca.
volví a ver de frente el fierro cerca de mi rostro. Olía a aceite 3 en 1, vi la marca: era Beretta, probablemente de calibre 9 milímetros, no creo que menos.