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Tal día como hoy, hace 365 días, partió de esta vida mi padre, Luis Ernesto Urribarrí Ludovic, a quien cariñosamente llamábamos “Mostro”. A mi juicio, mi padre era un hombre con muchos talentos: escribía, pintaba y esculpía de manera empírica. Nunca lo hizo a manera de oficio, todo lo que realizó lo hizo por hacerlo y ya, tal vez para demostrarse a sí mismo que podía. Hoy, a un año de su muerte, en su honor voy a publicar este poema que adaptó hace no sé cuántos años ya (basado en un poema de la poetiza uruguaya Delmira Agustini) y que refleja su inmortal pasión por su primer amor, ese que conoció a los 18 años de edad, en Portsmouth, Inglaterra, cuando mi padre cumplía con el Servicio Militar en la Armada Venezolana.
A la memoria de mi padre.
Mis amores ¿dónde están?¿Qué se han hecho?Hoy han vuelto,por todos los caminos de la nochehan venido a llorar a mi lecho.
¡Oh, Dios, fueron tantas,son tantas!
Yo no sé cuáles viven,yo no sé cuál ha muerto.Me lloraré yo mismopara así llorarlas todas.
La noche se bebe el llanto,el llanto de mis ojos.
Veo cabezas...doradas al sol como madurashay cabezas tocadas de sombras y de misterios,cabezas coronadas de espinas invisibles,cabezas que quisieran descansar en el cielo,algunas que no alcanzan a oler la primaveray muchas que trascienden las flores del invierno.
Todas las cabezas me duelen como llagas,me duelen como muertos.
¡Ah!... Y los ojos,esos me duelen más porque son dobles:verdes, grises, azules;y tus ojos negros que abrasan y fulguran,son amor, caricia, dolor,constelación e infierno.
Sobre todo tu luz,sobre todas las llamas se iluminó mi almay se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas,de todas esas bocas que florecen en mi lecho;senos blancos, pálidosy el moreno tuyo de miel y de amargura,con lises de armonía como rosas en silencio;y todos esos vasos donde me bebí sus vidas,de todos esos vasos donde la muerte bebo.
En el jardín de tus labiosvenenosos y embriagantesen donde respiraban sus almas y sus cuerpos,respiraba el mío.
Humedecido en lágrimashe rodeado mi lecho.
Y esas manos,esas manos colmadas de destinos y secretos,con dedos alhajados de anillos,de misterios.
Carol,tus manos que nacieroncon guantes de cariciascolmadas con ardor de tus dedos,y tus dedos diez puñalesclavados en mi espaldaarrancándome la vida.
Imanes de mis brazospuñales de mi entraña.
Como invisible abismose inclinan en mi lecho.
¡Ah!... Pero en todas esas manosyo he buscado tus manos,tus labios entre los labios,tu cuerpo entre los cuerpos;de todos esos ojossólo tus ojos quiero,tu larga cabelleravolver a tocar quiero.
Tu eres la más tristepor ser la más querida,tu fuiste la primeray eres la que está más lejos.
¡Ah!... Tu cabello castaño y largoque tanto acaricié,y tus pupilas clarasque tanto tiempo miré,tus ardientes senos,tu color tostadoy tu cuerpo rozagantecomo palmera hindú.
Ven a mí: mente a mente,ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tu me dirás qué he hechocon tu primer suspiro,tu me dirás qué he hechodel sueño de aquel beso.
Dime si llorastecuando sola te dejé.
Tu dime si ya has muerto.Si has muerto, mi pena enlutará mi alcobalentamente;y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpoy quedaré en silencio ahondando de tinieblas,y en las tinieblas, ahondando de silencio.
Me velará llorando,llorando hasta morir,pero nuestra hija,fruto de nuestro amor,quedará en el recuerdo.