
El viaje no empezó cuando las ruedas del Beechcraft 1900D dejaron de tocar la pista 02-20 de Barcelona, sino cuando ella subió la ventanilla para observar desde su asiento el despegue. El reflejo del sol mañanero, tenue, cálido, entró a la aeronave y se reflejó en el azul profundo e irrepetible de sus ojos. La mano cercana al rostro, con los dedos sostenía su barbilla. Con la otra trataba de acomodar el negro abrigo que la arropaba, manteniéndolo cerrado en el pecho.
Parecía concentrada en lo que afuera veía. Había llevado conmigo un libro, el cual pretendía leer durante el vuelo, pero lo descarté. No quería perderme el espectáculo de tal belleza. No fue difícil mirarla durante el recorrido, como no fue un problema creativo hacer comparaciones de su estampa con las maravillas que el viaje me iba mostrando.
A lo único que no le hallé comparación fue a su mirada: ni el cielo renovado de la mañana, ni las aguas del quieto Caribe -inmediato al abandonar el puerto aéreo- se comparaban con tal perfección. Su mirada era más profunda que el mar, el color más intenso y sincero que el del cielo. Sus blancas manos, menudas y delicadas, adornadas sólo con un discreto anillo y un delgado reloj, ambos tan dorados como su cabello, sostenido con un delicado gancho negro adornado con piezas que semejaban piedras preciosas.
La sobrecargo me invitó un café, una botella de agua, algo de comer. Acepté los dos primeros. La aeronave se mecía delicada entre los cúmulus y pielus, blancos como su piel de porcelana. Abajo los verdes variopintos del suelo venezolano, la costa única, la sombra del ave de acero, daban fe de la cercanía del aterrizaje. Luz amarilla encendida “Fasten seat belt”. Voz distorsionada: “bienvenidos al Aeropuerto Simón Bolívar, que sirve a la ciudad de Caracas”. El viaje llega a su fin. Leve sensación de vacío interno, ruido de llantas y asfalto, zumbido... ding, dong... “manténganse en sus asientos”. Maiquetía. Mi mejor viaje.
Este breve relato fue escrito para la edición enero-febrero 2009 de la revista DESCUBRA de Avior Airlines. Dicha publicación es de distribución gratuita y se puede encontrar en todos los aviones de dicha aerolínea venezolana.
Mis agradecimientos para Daniela Mogna y Carolina Padrón por pensar en mí y por ofrecerme esta oportunidad.