viernes, 19 de octubre de 2007

Infidelidad (o la versión literaria de “La Vecinita”)


Cuando ella empezó a notar que existían otros hombres, definitivamente ya el sexo con su marido la aburría, no la llenaba, le incomodaba; lo hacía porque sabía que esa era su “responsabilidad”, no de gratis se tiene lo que él le da, incluyendo todo eso que la hace lucir espléndida y la convierte en la más deseada del barrio: salón de belleza en el Sambil, masajes, gimnasio, Spa, dietas… silicón y una abultada Louis Vuitton que no hace juego con el escenario, pues esa cartera no fue diseñada para escaleras “cerrícolas” ni superbloque.

Estaba con él más por temor a lo que su hombre le pudiera hacer por dejarlo, que por amor. Esa es la actitud de las –muchas- mujeres que, sabiendo o sin saber, queriendo o sin querer, se unen sentimentalmente a los hombres peligrosos, los que se ganan la vida jugando sucio, amenazando, matando; esos que, cuando son más pequeñas, ellas los ven como los héroes del vecindario, los valientes y “cojonudos” que se echan plomo con “el Gobierno”, ajustan cuentas con enemigos arrasando con sus cañones una calle entera y luego les dicen a las niñas que los observan desde los portones y ventanas con el corazón blandito del miedo, “hola, mamita… uuuuyyy, que bonita se está poniendo la hija de doña equis”. Flechazo: nudo de saliva en la garganta, frío en el estómago y hormigueo en la entrepierna que apenas empieza a asomar los primeros vellos.
Dos semanas después ya se despiertan al lado de ese hombre, rellenas de “amor”.

Pero ya ella creció, ahora sí es una mujer, de él, pero mujer al fin. Se graduó de hembra cuando parió al primero de sus hijos e hizo una maestría con los morochos que vinieron después.
Desde entonces la cama ya no es igual, él, cuando la busca, va directo al grano: ya no le susurra “pendejadas” al oído ni le promete villas y castillos. Ahora llega exigiendo lo que le pertenece, aunque cada vez se lo pide menos, posible indicio de que su hombre ya tiene por ahí otra “pre-púber” que le da más nota. Eso a ella poco le afecta porque, total y a fin de cuentas, según se lo dijo su madre, “los hombres son de la calle, mija, lo importante es que te dé pa’ los muchachos”.

Y así pasaban sus días y sus noches hasta que lo vio: el niño que iba con ella al liceo antes de que su debilidad por los malandros la apartara de los estudios, ese, el blanquito de pelitos parados que se echaba gelatina y se sonreía como en foto de portada de un disco de Menudo… “¡Caramba… ya no es un carajito!, bien bonito que está ese muchacho, mamá. Y es un pícaro, el muy zángano ya me ha echado unos ojazos que me dejan sin aliento”. “Déjate de eso, mija”, replicó la veterana mujer. “Mira que tu con tres muchachos no estás pa’ inventar. Deje quieto lo que quieto está”, sentenció la madre.

Pero cómo se puede dejar quieto algo que no la dejaba tranquila. De día, como por “cosas del destino” el vecino se tropezaba con ella en la panadería, en la bodega de Mercal, hasta en la busetica cuando ella iba a hacerse las uñas se lo llegó a encontrar. Y él, sabiéndose atractivo y tras notar el efecto que causaba en ella, no hacía otra cosa más que procurarla sin considerar que se estaba metiendo en aguas profundas.

De noche, acostada al lado de su marido, ella miraba el techo del cuarto con la vista clavada, sólo imaginándose cómo sería besarle y chuparle “los labios rosados” al muchacho ese, a qué le sabrá la lengua, cómo se sentirán esos dedos limpios y de uñas bien cortadas, qué sensaciones brindará en la nuca y la espalda el rozar de su rostro con barba cortita, cómo será amanecer al lado de su cuerpo formadito, vestido sólo con los interiores de liga gruesa que se le ven cuando se dobla.
Esa misma noche ella se decidió: le va a seguir el juego de seducción a su vecino, “de las consecuencias me preocupo después”, pensó.

Fue cuando ella comenzó a comprarse ropa más atrevida, más atractiva, más sexy, que demostrara aún más cuan buena está y lo mucho que había logrado en el gym y en la camilla del cirujano. Total, a su marido no le molestaba que se vistiera así, al contrario le daba orgullo que el vecindario viera que su mujer es una diosa, y que es de él. Pero ella quería otra cosa, necesitaba, anhelaba quedarse dormida luego de la agitación del fornicio en brazos de otro hombre que no era su marido.

Comenzó el juego de seducción. Como si las apareciera por arte de magia, como si tuviera el talento de Houdini, sacaba cada día una prenda nueva: minifaldas de jean súper cortas y estrechas, tacones que le hacían ver las piernas más esbeltas desde el tobillo hasta sus redondas nalgas, bikinis hilo dental, shorts casi invisibles y blusas cortas o apretadas que dejaban brotar su voluptuosa humanidad. “Gracias Señor por crear a los cirujanos plásticos” (comentario del autor).

El día llegó y ella no lo dejó pasar. Desde la ventana de su casa reconoció que el responsable de sus sueños húmedos estaba cerca y ella le dijo a su familia que saldría a pasear a la mascota. Se puso la ropa más provocadora que, combinada, parecía más bien la fórmula de una sustancia explosiva y letal. Ella se sabe divina, que cuando se lo propone puede parecer una de las actrices de Baywatch, esa, la catirota que luego posó desnuda para la revista del conejito. El vecino, vestido también con camiseta ajustada que dejaba notar sus pectorales y el pronunciado trapecio, se prestó para la exhibición: se pasaron el uno al otro por un lado como montados en una pasarela, se detuvieron, momento que ella aprovechó para tomar suficiente aire para inflar el pecho, movimiento que exageró aún más la talla de su brassier y él, también dotado de un pecho envidiable, le devolvió el gesto. Miraron a los lados y con los cuerpos agitados por la picardía se dieron un corto pero profundo beso de lengua que selló la sentencia.

Sin palabras, sólo con gestos y miradas acordaron la cita que, por cuestiones de logística, debía ser en casa de ella. Esperaron el momento ideal: el marido al “trabajo” y los niños a la escuela. Ella, estando sola, dejó que el intruso de sus sueños invadiera su hogar y su cuerpo. El vecino, como si supiera de antemano que esa sería una cita única, se desbordó de pasión y le hizo lo que ella jamás imaginó ni vio en los devedés quemados de su marido, los de “carne con papas”. La jornada fue apoteósica, llena de orgasmos múltiples con derrames de pasión en la cara, en los pechos en la espalda, en las nalgas... en la boca. Él no paró de usar la lengua mientras duraron los polvos, le lamió hasta el alma. Al final, él se secó los fluidos con las sábanas, se vistió y se marchó para no dejarse ver más.

Lo que los adúlteros no notaron fue que su actitud previa al encuentro sexual fue deducido por algunos, que luego comprobaron su teoría cuando a ella le vieron una singular marca en el cuello. Ella, tratando de disimular lo que ya no podía, se soltó el cabello para tapar el “cuerpo del delito”, la evidencia de su infidelidad. Era demasiado tarde.

Una vecina, de esas que no se callan nada y que cuando no tienen qué contar se inventan una o exageran otra, empezó a regar el comentario del presunto encuentro sexual entre la mujer del “duro” y el catire de la esquina. La bola fue rodando y rodando como madeja de paja arrastrada por el viento; mientras más vueltas daba iba ganando nuevos detalles, algunos ciertos, otros no tanto, muchos verdaderamente exagerados.

Y pasó lo que tenía que pasar: los comentarios llegaron a oídos del marido, ese que lo que dice lo cumple, de eso hay muchos ejemplos en el cementerio. Ante las indagaciones del esposo, ella comenzó a desviar la atención de él hacia otras cosas asegurando que “la gente habla mucho; yo a ese muchacho ni lo conozco; deberías detener esos rumores que nos hacen daño, que debilitan nuestra confianza y nuestro amor; tu sabes que yo te amo y que te lo he dado todo, hasta mi virginidad; yo soy tuya, papi”. Todo esto porque ella sabe que, de confirmarse su aventura, lo último que escuchará será un ¡bummm!... y a la eternidad.

Pero cuando a un hombre lo muerde el gusanillo de la duda y sospecha que su mujer lo traicionó, no se queda tranquilo por muchas pendejadas que ella le diga. “Cuando el río suena es porque piedras trae”, piensa él, por ello, a su juicio, es mejor actuar y sentar un precedente para que ningún hombre que aprecie su vida vuelva a rondar las carnes de su consorte.

El vecino, de manera inteligente, lo que debe hacer es desaparecer lo más rápido posible. Se la hizo a un gangster, a un matón bien apertrechado y con las bolas suficientes para convertirlo en cebiche sin el más mínimo remordimiento y luego llegar a su casa a comerse, sin vestigio de preocupación, las arepas de reina pepiada que le preparó su mamá, quien está de visita.
Y como diría el ratón de las caricaturas, Speddy González “¡Ándale, ándale, arriba! Corre papa, que son poquitos los que de una emboscada escapan... Bórrate del mapa, antes del rapapapá”.

Para finalizar quiero dejar una frase llanera que recoge en pocas palabras la moraleja de este relato, basado en un reggaetón de Vico C y en muchas historias verdaderas:

Anda vivo y hiede a muerto el que ama a mujer casada. Carga la mortaja en el anca y la urna arrebiatada”. FIN

7 comentarios:

EL MÁS dijo...

Primero que nada BIENVENIDO a la blogosfera.


Segundo. Honrado de ser el primero que escribe un comentario en este blog, que aunque no lo creas lo estaba esperando. Te informo que acabas de perder tu virginidad blog conmigo. jejeje


Tercero. Juan, es agradable cuando personas que has conocido por circunstancias de la vida buenas y malas (En este caso buenas) empiezan a acercarse poco a poco a través de este tipo de medios y sobre todo cuando es gente que uno admira.



Cuarto. Soy testigo de tu talento innato para la escritura, desde la Caja Negra (Que seguramente ya nos hubiesen otorgado algún premio internacional) hasta tus notas diarias en "el periódico del pueblo oriental", que sí te dejaron buenos premios. Espero que esto no sea sólo una fiebre, aunque comienza así pero luego no te puedes escapar.

Quinto y último para no aburrir. Chaaaamooo sólo tú podrías haberte imaginado una versión literaria de la vecinita. Esto fue fantástico y un comienzo excepcional. Espero seguir leyendo estás historias tan crudas y violentas que sé son tus preferidas. Sólo falta sintetizar, en este tipo de espacios es necesario.

Saludos y abrazos fraternales...Tienes un link asegurado en mi blog

Moisés David Estaba V.

Enano dijo...

Sólo por Juan Luis lo conozco y una que otra vez, nos hemos estrechado las manos, sin presentación previa. Mi pegos (Yolmenis) tenía razón. Excelente fumada para tan antiestética versión musical. ¡Mírame a la vecinita!. A pesar de lo largo de su post, nunca dejé de leerlo. No importa cuanto escriba, pues siempre hay quien lo lea.
PD: Me gusta el detalle y aquí abundaron.
Suerte compadre y bienvenido

Iliana Contreras dijo...

Me place grandemente mi querido Juan, que hayas encontrado el tiempo para inaugurar este blog, pues sé de tu ferviente deseo por retomar la escritura, por regalar paseos por algunas de tus creativas crónicas y por poner a toda marcha ese cerebro, amenazado por el trabajo de edición, que no da mayor alternativa que leer a otros, a veces no tan buenos redactores como quisiéramos. Imagino el calvario que representa para ti, no poder crear y compartir con el mundo, el talento que sé, te sobra.
Acerca del post, pues no esperaba menos que una buena historia, cargada de erotismo y criminalidad, y en esta oportunidad que expone un tema sobre el cual no puedo evitar dar mi opinión como sanción moral (ya desestimada por muchos en la sociedad) frente a la infidelidad como acción destructiva, independientemente del castigo tácito que da la religión por ser un pecado y las leyes del hombre, por ser un motivo jurídico para incluso tramitar la separación de los conyugues.
Con respecto a este tema puedo extenderme muchísimo, por lo que he preferido agregar a mi comentario un párrafos que publiqué en uno de mis primeros post y que considero da una introducción a mi amplio punto de vista respecto al contenido de este escrito. Dice así:
“Pasamos por encima de las personas para dar cumplimiento a nuestros caprichos, el ciudadano promedio se cuida de cometer delitos para no ser castigado por la ley… quiere una camioneta pero no la arrebata, no la roba… ni que fuera loco, en cambio sí se atreve en actitud, comportamiento e idea, y como loco, a saquearle la mujer al amigo o a arrebatarle a su hijo la oportunidad de crecer en el seno de una familia blindada, pues no existe pena patente o condena manifiesta, palpable, para esta transgresión..." el post lleva por nombre Factor Perversidad, está completo en mis archivos del mes de septiembre.

Me salió más largo que tu post, jajajaja. Sin más peperas, Bienvenido a la blogósfera! nos seguimos leyendo… Un abrazo… Manikita.

P.D: Ya terminaron mis días de libertad condicional, Vero cumplió 5, firmemos la broma pues, para que no haya mortaja ni urna, como dicen los llaneros… jijijiji. Por allí andan los jueces, revisando retardos procesales, jejeje.

Widelmar dijo...

Pues, encantada de tu recia imaginación. Entusiasmada por tu naciente blog y ansiosa de seguir leyendo esas crónicas que me dejan alucinando. Satisfecha porque hayas cumplido tu palabra de escribir la versión literaria de "La Vecinita", recuerdo cuando desentrañaste la letra de esa canción y me hiciste ver la historia que se esconde detrás del puki puki de ese reggaeton.
Orullosa de ser tu discípula y tu fiel compañera de copas. Besos.

Luis Urribarri dijo...

Estennnnnnnn bueno hermano me gusta tu blog aunque se que puedes mejorarlo pues quiero quedar boca abierta en otra ocasion, me gusto la nota eres muy bohemio. Quiero que hagas lo que me comentastes sobre las anecdotas de tu ya sabes quien, si quieres yo t puedo ayudar en eso pero eso si, no te lleves los creditos tu solo :D

Erwin García dijo...

Quizás debía ser yo el primero en decirte bienvenido porque creo que fui uno de los que te inspiró, pero nunca es tarde. Me encantó este paseo "tan" real, "tan" lleno de vida, "tan" nuestro, "tan" propio... Quisiera decir "tantas" y "tantas" cosas, que este comentario está lleno de "tanto" y de nada (hasta ahora)... No soy quién para evaluar pero sí para disfrutar tus letras y pasearme por las realidades más perversas, eróticas y humanas que pululan en nuestro diario abrir y cerrar de ojos. Quedé en suspenso… ojalá venga una continuación o que la chama tenga un hijo del tipo y desencadene en una lápida, o que la tipa se escape con el chamo, no sé… allí te lo dejo.

Ari dijo...

Tremendo relato amigo, me gusto mucho, primera vez que leo algo tan largo en un blog y para comenzar esta perfecto :)